lunes, 9 de abril de 2018

Susurro del viento entre los álamos

El pueblo es más feo en invierno. Hace frío, mucho frío, un frío letal que atraviesa el alma. En las noches largas hay mucho tiempo para pensar, más pensar que dormir. 
Los árboles han quedado desnudos, la enredadera que cubría el tapial, tan bonita, que no cesaba de regalar sus flores, no es más que unas cuantas zarzas secas y marrones. En las calles de tierra el  barro se vuelve pegajoso cuando llueve, las huellas de los pocos carruajes que pasan las dejan poco menos que intransitables, llenas de agujeros que hay que saber sortear. 
El alcalde ha dicho que no hay dinero para el asfalto. Que tal vez el año próximo, si todo va bien.
Los resignados vecinos de esta zona olvidada no le creen. Lo miran callados pasear por el centro con su coche nuevo y lustroso.

 Juan y Santiago son hermanos. Santiago vive a una calle girando a la derecha de la casa de su hermano. El mayor y el más joven de los once hijos que tuvo la madre, en su humilde rancho, "en el medio del campo" como dicen los paisanos, y sin un médico que la asista. 
Juan, el hermano mayor, está casado con Catalina, tienen tres hijos, que ya han volado como golondrinas a la capital en busca del verano. Santiago en cambio está solo, muy solo, si no fuera por su hermano tantas veces no probaría bocado. Él también en un tiempo tuvo una familia, pero la vida ha sido muy dura para este hombre de mirada profunda y melancólica.

En las noticias de la radio, que Juan escucha al levantarse mientras toma una taza de café han dicho que vendrá tormenta mala, que se aconseja tomar precauciones.
Él con su mujer se han puesto a la tarea de acondicionar las jaulas de las gallinas y los patos, reforzar las ventanas y acopiar algunos alimentos. Juan no solo tiene que preocuparse por lo suyo, piensa en Santiago. Ha ido hasta su casa para avisarle que cierre muy bien puertas y ventanas. 
Ya comienza, de a poco como un susurro entre los álamos a soplar el viento, arisco y frío.

—Soplará mucho el viento, y lloverá, cierra muy bien todo Santiago.

— Es tan largo y frío este invierno, que no sé si llegará la primavera.comenta con voz triste Santiago.

—¡Hasta mañana, cuídate hermano, ehh!

Le ha llevado sopa, para que se caliente, algo de tocino, unos huevos y una galleta para que pueda aguantar hasta que pase la tormenta. El cielo encapotado empieza a rugir, la lluvia se escucha como un tropel de caballos sobre el techo de chapas de la casa y el viento silba en el alero y se lleva por delante todo lo que encuentra suelto.

Se hace larga la noche en la incertidumbre de lo que pueda pasar.  Golpea con fuerza la lluvia y corre el agua por donde encuentra una grieta, se cansa el cielo de enceguecer la oscuridad en incesantes relámpagos.
Apenas aclara, Juan que solo pudo dormitar un poco se calza sus botas de goma, se cubre con un viejo impermeable y sale chapoteando barro y esquivando las ramas de los árboles que cayeron.  

En  la casa de su hermano, todo está cerrado y a oscuras. Golpea varias veces la puerta y nadie responde, va entonces a la parte de atrás, una de las ventanas está abierta de par en par. Sin pérdida de tiempo salta y una vez dentro de la casa, corre llamando a gritos a su hermano.

¿Santiago, dónde estás hermano? ¡Contesta por favor!!

En la puerta de la habitación queda paralizado, la escena que ve le rompe el corazón. Le cuesta llegar hasta donde está Santiago, sus piernas se aflojan, no le responden.

Llora Juan como un niño, tapándose con las manos el rostro, se acerca y abraza a su hermano que yace en la cama inmóvil, con uno de los travesaños del techo en medio de su pecho.
Maldice en su desesperación a la tormenta, al viento, a la lluvia y a la vida de Santiago. Se arrodilla junto a él, le besa la frente, lo acaricia con ternura.
Retumban en sus oídos las palabras de su hermano:

“No sé si este año vendrá la primavera.."





sábado, 7 de abril de 2018

Balada del río Salado

Era en la infancia, soledad de pino,
río de mi perfil y voz mojada.
Azul en las arterias y en el vino,
su agrícola pasión raíz salada
crece en la pertinaz y alborozada
comarca de mi sangre. ¡Oh Cristalino!

Vicente Barbieri - (Poeta argentino)

(fragmento)




jueves, 5 de abril de 2018

La alegría de las cosas pequeñas es todo cuanto tenemos 
para combatir lo trágico de la vida.

Anais Nin.




lunes, 2 de abril de 2018

Tiempo del amor

La lentitud con que transcurren
los veranos en la adolescencia,
cuando todo es tan importante
y no pasa casi nada..
cuando no hay pereza para el cambio,
cuando a la hora de la siesta no se duerme,
solo se sueña..
cuando todo parece tan difícil
y es tan fácil
cuando parece tan complicado
y a la vez tan simple
ese tiempo rebelde, discordante
ese delicioso tiempo del primer amor.







Confidencial

Fueron jóvenes los viejos
pero la vida se ha ido
desgranando en el espejo
y serán viejos los jóvenes
pero no lo divulguemos
que hasta las paredes oyen.

Mario Benedetti.




viernes, 30 de marzo de 2018

Lluvia en la tarde


Llueve, la primavera se dedica  a jugar con la lluvia y desparrama su belleza embriagante. Las gotitas se deslizan juguetonas, despreocupadas, por el cristal de las ventanas. A ellas no les importa nada, ellas viven en la lluvia.
Los pájaros no vuelan. No los veo. Dime, ¿Dónde van cuando llueve? ¿No lo sabes? nadie lo sabe. Ven, en esta tarde en que la alegría también se ha escondido.. 
Caminemos bajo la lluvia y entremos en el primer café que veamos. Mira aquel, sí, aquel, el que está arriba, subiendo esa escalerita, el que tiene los parasoles y los geranios rojos y morados. ¿Sientes el  aroma a café? ¡es tan intenso! Vamos, y como nadie nos ve pediremos unas dulzuras de chocolate.
Y así, con el café y el chocolate compartiremos algunos secretos que tenemos guardados.
Tal vez no me los cuentes todos, y yo tampoco.
Somos amigos y los amigos no necesitan hablar tanto para comprenderse el uno al otro.






viernes, 23 de marzo de 2018

Primavera Esquiva

La primavera se adivina detrás de las ventanas pero no ha querido entrar en esta casa. Yo lo había preparado todo para ella. Había guardado en el desván las cosas del invierno, las mantas, los abrigos. Había puesto visillos alegres de lino ligero para que la brisa fresca y leve de la tarde los agitara, entrara la tibieza del sol y pudiera acariciar toda la estancia. Había elegido un ramillete de flores perfumadas y las había puesto para adornar la mesa. Pero el sol ni lo ha notado. No ha tocado siquiera el alféizar. Ni el aire se ha atrevido a rozar esas telas quietas, que se han quedado como una novia aguardando a su amor.
Me he retirado entonces a mi alcoba, que es la habitación más fresca y oculta. Y allí, inmóvil en el centro de una penumbra tenue, mis ojos fijos en la pared blanca, he sentido dentro de mí que la ilusión se esfumaba.  Por la ventana entraban solo unos hilos de la luz dorada del final de la tarde, cuando el sol parecía  desangrarse.
 A lo lejos, una casita pequeña dejaba escapar de su chimenea unas finas volutas de humo gris que se mezclaban con el color incierto del cielo a esa hora.
Presentía que más allá de aquel sitio, alguien venía hacia mi casa. Aparecía y desaparecía entre los árboles, las flores del bosque y el canto de los pájaros. El tiempo transcurrió perezoso, sin prisa alguna. Se estiraron las horas y los minutos en la espera inútil.
La noche tibia se fue cerrando poco a poco hasta borrar el día. Afuera, la primavera derramaba su aroma dulce entre los callados almendros en flor.  He dejado, por si acaso, como al descuido, la puerta entreabierta..



 Relato publicado en el libro "Cuentos de las Estaciones" - Cuento de Primavera.


lunes, 19 de marzo de 2018

La Primavera

He descubierto a la primavera colgando hojitas verdes en las ramas de los árboles. Iba desparramando sobre la hierba unas cuantas florecillas multicolores. El cielo plomizo amenazando nevar y el viento frío disiparon la tímida esperanza que ella se quede. Escapó presurosa prometiendo volver pronto.. si es que el invierno renuncia, claro..








domingo, 18 de marzo de 2018

Poetas

Querría que vinieras a mi casa una noche de invierno y que, abrazados tras los cristales, mientras miramos la soledad de las calles vacías y heladas, recordásemos los inviernos de los cuentos, donde vivimos juntos sin saberlo.
Dino Buzzati (Escritor y periodista - Italia)